Espacio Cultural Ciudad Gótica
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Sumario

Cardenal, por Jorge Boccanera
Oración Por Marilyn Monroe, por Ernesto Cardenal
Los cucos argentinos, por Marcelo Britos
Informe Dadaísmo, por Sergio Gioacchini
El arcón de Jorge Isaías: Edgar Bayley
El escritor virtual, por Adrián Bussolini
La duda cruel, por Andrea Ocampo
Los flagelantes, cuento de Marcelo Britos
Sección Traducciones: Ernest Hemingway, por Mabel Martínez y Aída Grynt
Novedades: nuevos libros
Guía para el uso de burócratas principiantes


Los cucos argentinos
por Marcelo Britos

No es fácil acceder a bibliografía genuina y especializada sobre mitos y leyendas latinoamericanos, un tema que, sin duda, siempre ha pasado por el borrador de escritores, cineastas, dibujantes, y por supuesto, por la mira de profesionales y curiosos interesados en nuestras raíces culturales.
Es cierto que la búsqueda no suele ser exhaustiva, y lo que aparece en la superficie no es precisamente lo más recomendable. Un grupo de antropólogos decidió, con mucho tino, publicar en un medio masivo de comunicación, un diccionario de mitos y leyendas latinoamericanos; un buscador en el que se puede encontrar información buscando por país, tema, o etnia.

Familiares indeseados

“Los patrones de los ingenios, para hacerse más ricos, para tener más suerte y abundancia, realizaban un contrato con el Familiar.. Cada año le ofrecían un peón de los que llegan a la cosecha, para que se lo coma (…) Los dueños tenían en la fábrica un cuarto oculto donde vivía el Familiar. Allí enviaban a la gente a buscar herramientas; pero ninguno de los que entraban volvía a salir.
Los hombres que conocen de estas cosas son precavidos; llevan una cruz grande colgada de su pecho, un rosario en su cuerpo y un puñal en la cintura. Si les sale el Familiar a querer comerlos, le hacen frente y pelean. Pueden quedar lastimados, con la cara y las manos arañadas, con la ropa rota, pero se salvarán gracias a la cruz y el rosario; si el hombre pelea con el facón, entonces será devorado”. (El Familiar, cuco.com.ar).

Así comienza la historia de El Familiar, un cánido infernal que intercambia riquezas por hombres, con los que satisface su necesidad de carne humana. La coartada perfecta para que los dueños de los ingenios justificaran la desaparición o la muerte de los peones, generalmente provocadas por los trabajos agotadores y riesgosos.
Sin olvidar el pionero libro de Adolfo Colombres, "Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina" , el diccionario de la página www.cuco.com.ar, describe este y otros personajes mitológicos de la argentina y suma muchos del resto de los países latinoamericanos. No se trata sólo de la historia rescatada de la tradición oral, costumbre de herencia cultural de los pueblos nativos, sino de un trabajo minucioso que también contempla un rastreo del origen del mito, su ubicación geográfica, y las variadas versiones que lo fueron transformando con el correr del tiempo. El contenido está respaldado por una bibliografía idónea, tratados y tesis de estudiantes e investigadores que han dedicado su tiempo y esfuerzo en indagar sobre esta materia (se puede recurrir a ella en la misma página). Esto le da al diccionario un tono de seriedad que excede la simple anécdota y lo coloca lejos de la superchería o el repetido esoterismo banal al que, indefectiblemente, suelen conducir estos temas.
Aún así, navegar por las páginas de cuco.com.ar, supone el descubrimiento de una dimensión más cercana a la literatura que a la ciencia. Siempre que se lo mire con ese prisma, esta interesante recopilación científica, deviene en un conjunto de relatos fantásticos que bien podrían ser la materia prima de un buen guión (tan necesario para nuestra pobre producción en el campo de la ficción) o para el réquiem de algún Lovecraft vernáculo.

Santos sin iglesia

La lista no se agota con monstruos infernales y duendes de siesta. Se puede acceder también a la búsqueda de creencias y mitos religiosos que son objetos de adoración en diferentes culturas. San la Muerte, la Pachamama, la Difunta Correa, santos paganos que se confunden con rituales cristianos, tienen un lugar en el diccionario y, por supuesto, con rigor científico en la descripción de sus orígenes y motivaciones.

“Lo encontramos predominantemente en la Provincia de Corrientes, y también en El Chaco, Misiones y Formosa. Su objeto es el de conseguir trabajo o de no perderlo; hallar cosas perdidas; obtener el amor de alguien, vengarse de un desaire, de una afrenta, de un mal recibido o por no ser correspondido afectivamente.
El culto es obviamente pagano, no existe San La Muerte en ningún Santoral, y no tiene fecha especial de celebración, si bien se suele conmemorar el Viernes Santo y el Día de Todos los Muertos.
Este culto como el de SAN CEOMO surgieron a posteriori de la expulsión de los jesuitas de sus misiones en el noreste de la Argentina y Paraguay en 1767, de ellos también derivan el Señor de la Paciencia, El Señor de La Columna o San Ceono que crearon los naturales de la zona ya sin la orientación dogmática de la Compañía de Jesús”. (San la Muerte, cuco.com.ar)

El basilisco, un gusano europeo

Una de las opciones recomendadas es la de indagar a través de la página en los antecedentes históricos y las motivaciones que llevaron a los pueblos originarios a crear estas leyendas. A contrario sensu de lo que muchas veces pensamos, la génesis de estas historias no siempre pertenece a la imaginación de nuestros antepasados, sino que responden a invenciones de los visitantes europeos que necesitaban de tabúes para manipular a los nativos. De hecho, el Demonio, una construcción ya universal y cristiana, responde a ese tipo de creencias utilizadas por los españoles como instrumento de evangelización. Era muy difícil prometerles el paraíso a quienes vivían en él, por lo tanto era más fácil propagar el terror por ir al infierno.

“BASILISCO: m. Gallo culebrón, atratrao. Culebrón, con cresta de gallo, originado de un huevo pequeñísimo puesto por una gallina vieja o un gallo colorado. Es temido porque se aposenta bajo las casas y desde allí sale, mientras duermen sus moradores, a extraerle la flema -y con ello el aliento, la energía- hasta causarles la muerte.
La creencia deriva del mundo europeo, donde se le conoce como un ser fabuloso que mataba con la sola mirada, característica que todavía conservan algunas versiones chilotas.
Sin embargo, aquí generalmente se le conoce como un culebrón con cresta de gallo, originado de un huevo puesto por una gallina vieja o un gallo colorado.
Por eso al encontrarse con esos huevos pequeños la gente siente pánico y los pone al fuego de inmediato. Dicen que de allí sale un gusanillo colorado que se aposenta bajo la casa y permanece hasta volverse basilisco, antes de un año”. (Basilisco, cuco.com.ar)

Para buscadores de historias y literatos, la lectura de la página descubre una historia salpicada de fantasías e imposibles, para extraer de ella cualquier emoción humana. No hace falta seguir recurriendo a las remanidas leyendas de Celtas y Sajones, ya citadas hasta el hartazgo por Kipling, Irving, y Borges, para nombrar uno de los nuestros. Un buen aliciente para no emular lo peor de la ficción norteamericana, como es el caso de la inefable “Sangre fría”, de producción nacional. Basta con interesarnos un poco más por nuestra producción científica, no sólo como una legítima cantera de creación artística, sino también como una forma de tomar conciencia de nuestro pasado y nuestra identidad.

 

Diciembre de 2005. Nº 31.
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