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Sumario
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Los cucos argentinos
por Marcelo Britos
No es fácil acceder a bibliografía genuina y especializada
sobre mitos y leyendas latinoamericanos, un tema que, sin duda,
siempre ha pasado por el borrador de escritores, cineastas, dibujantes,
y por supuesto, por la mira de profesionales y curiosos interesados
en nuestras raíces culturales.
Es cierto que la búsqueda no suele ser exhaustiva, y lo que
aparece en la superficie no es precisamente lo más recomendable.
Un grupo de antropólogos decidió, con mucho tino,
publicar en un medio masivo de comunicación, un diccionario
de mitos y leyendas latinoamericanos; un buscador en el que se puede
encontrar información buscando por país, tema, o etnia.
Familiares indeseados
“Los patrones de los ingenios, para hacerse más ricos,
para tener más suerte y abundancia, realizaban un contrato
con el Familiar.. Cada año le ofrecían un peón
de los que llegan a la cosecha, para que se lo coma (…) Los
dueños tenían en la fábrica un cuarto oculto
donde vivía el Familiar. Allí enviaban a la gente
a buscar herramientas; pero ninguno de los que entraban volvía
a salir.
Los hombres que conocen de estas cosas son precavidos; llevan una
cruz grande colgada de su pecho, un rosario en su cuerpo y un puñal
en la cintura. Si les sale el Familiar a querer comerlos, le hacen
frente y pelean. Pueden quedar lastimados, con la cara y las manos
arañadas, con la ropa rota, pero se salvarán gracias
a la cruz y el rosario; si el hombre pelea con el facón,
entonces será devorado”. (El Familiar, cuco.com.ar).
Así comienza la historia de El Familiar, un cánido
infernal que intercambia riquezas por hombres, con los que satisface
su necesidad de carne humana. La coartada perfecta para que los
dueños de los ingenios justificaran la desaparición
o la muerte de los peones, generalmente provocadas por los trabajos
agotadores y riesgosos.
Sin olvidar el pionero libro de Adolfo Colombres, "Seres sobrenaturales
de la cultura popular argentina" , el diccionario de la página
www.cuco.com.ar, describe este y otros personajes mitológicos
de la argentina y suma muchos del resto de los países latinoamericanos.
No se trata sólo de la historia rescatada de la tradición
oral, costumbre de herencia cultural de los pueblos nativos, sino
de un trabajo minucioso que también contempla un rastreo
del origen del mito, su ubicación geográfica, y las
variadas versiones que lo fueron transformando con el correr del
tiempo. El contenido está respaldado por una bibliografía
idónea, tratados y tesis de estudiantes e investigadores
que han dedicado su tiempo y esfuerzo en indagar sobre esta materia
(se puede recurrir a ella en la misma página). Esto le da
al diccionario un tono de seriedad que excede la simple anécdota
y lo coloca lejos de la superchería o el repetido esoterismo
banal al que, indefectiblemente, suelen conducir estos temas.
Aún así, navegar por las páginas de cuco.com.ar,
supone el descubrimiento de una dimensión más cercana
a la literatura que a la ciencia. Siempre que se lo mire con ese
prisma, esta interesante recopilación científica,
deviene en un conjunto de relatos fantásticos que bien podrían
ser la materia prima de un buen guión (tan necesario para
nuestra pobre producción en el campo de la ficción)
o para el réquiem de algún Lovecraft vernáculo.
Santos sin iglesia
La lista no se agota con monstruos infernales y duendes de siesta.
Se puede acceder también a la búsqueda de creencias
y mitos religiosos que son objetos de adoración en diferentes
culturas. San la Muerte, la Pachamama, la Difunta Correa, santos
paganos que se confunden con rituales cristianos, tienen un lugar
en el diccionario y, por supuesto, con rigor científico en
la descripción de sus orígenes y motivaciones.
“Lo encontramos predominantemente en la Provincia
de Corrientes, y también en El Chaco, Misiones y Formosa.
Su objeto es el de conseguir trabajo o de no perderlo; hallar cosas
perdidas; obtener el amor de alguien, vengarse de un desaire, de
una afrenta, de un mal recibido o por no ser correspondido afectivamente.
El culto es obviamente pagano, no existe San La Muerte en ningún
Santoral, y no tiene fecha especial de celebración, si bien
se suele conmemorar el Viernes Santo y el Día de Todos los
Muertos.
Este culto como el de SAN CEOMO surgieron a posteriori de la expulsión
de los jesuitas de sus misiones en el noreste de la Argentina y
Paraguay en 1767, de ellos también derivan el Señor
de la Paciencia, El Señor de La Columna o San Ceono que crearon
los naturales de la zona ya sin la orientación dogmática
de la Compañía de Jesús”. (San la Muerte,
cuco.com.ar)
El basilisco, un gusano europeo
Una de las opciones recomendadas es la de indagar a través
de la página en los antecedentes históricos y las
motivaciones que llevaron a los pueblos originarios a crear estas
leyendas. A contrario sensu de lo que muchas veces pensamos, la
génesis de estas historias no siempre pertenece a la imaginación
de nuestros antepasados, sino que responden a invenciones de los
visitantes europeos que necesitaban de tabúes para manipular
a los nativos. De hecho, el Demonio, una construcción ya
universal y cristiana, responde a ese tipo de creencias utilizadas
por los españoles como instrumento de evangelización.
Era muy difícil prometerles el paraíso a quienes vivían
en él, por lo tanto era más fácil propagar
el terror por ir al infierno.
“BASILISCO: m. Gallo culebrón, atratrao. Culebrón,
con cresta de gallo, originado de un huevo pequeñísimo
puesto por una gallina vieja o un gallo colorado. Es temido porque
se aposenta bajo las casas y desde allí sale, mientras duermen
sus moradores, a extraerle la flema -y con ello el aliento, la energía-
hasta causarles la muerte.
La creencia deriva del mundo europeo, donde se le conoce como un
ser fabuloso que mataba con la sola mirada, característica
que todavía conservan algunas versiones chilotas.
Sin embargo, aquí generalmente se le conoce como un culebrón
con cresta de gallo, originado de un huevo puesto por una gallina
vieja o un gallo colorado.
Por eso al encontrarse con esos huevos pequeños la gente
siente pánico y los pone al fuego de inmediato. Dicen que
de allí sale un gusanillo colorado que se aposenta bajo la
casa y permanece hasta volverse basilisco, antes de un año”.
(Basilisco, cuco.com.ar)
Para buscadores de historias y literatos, la lectura de
la página descubre una historia salpicada de fantasías
e imposibles, para extraer de ella cualquier emoción humana.
No hace falta seguir recurriendo a las remanidas leyendas de Celtas
y Sajones, ya citadas hasta el hartazgo por Kipling, Irving, y Borges,
para nombrar uno de los nuestros. Un buen aliciente para no emular
lo peor de la ficción norteamericana, como es el caso de
la inefable “Sangre fría”, de producción
nacional. Basta con interesarnos un poco más por nuestra
producción científica, no sólo como una legítima
cantera de creación artística, sino también
como una forma de tomar conciencia de nuestro pasado y nuestra identidad.
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